Es el EROTISMO de las más típicas y notorias manifestaciones de lo Humano. Participa por igual del AMOR y la SEXUALIDAD. A aquel le pone la carne y a ésta le quita la animalidad y le pone trascendencia.
Así, por el EROTISMO, la SEXUALIDAD queda dignificada, y el AMOR energizado. ( María Zambrano )

martes, 7 de abril de 2009

EL PAISAJE NEVADO

Texto y obra de Angeles Charlyne
La rumorosa habitación, grande para sala, trepidaba con la música. En realidad era un recreo revancha de Marisol que se había ganado siete horas de libertad. Había aprendido, duramente, que ese lapso, era tan preciado como el aire.
Cuando hay un día, una hora y un tiempo determinado, debes tomarlo -se dijo- puede no repetirse en meses. Las prisiones suelen ser ciertas o imaginarias, depende del ánimo del prisionero.

Ella tenía varias razones, todas válidas para no concederse recreos posibles, necesarios y fertilizantes. Las historias de las confinaciones, en los seres humanos, recorren una gama colorida de ejemplos precisos, respetables y ciertos... para sus protagonistas, pero no para personajes desquiciados como Karl.
En realidad fue un descuido de ella, por cuanto Lelia le advirtió que percibió en ese tipo, que levitaba impulsos, capaces de otorgarle un control mental y físico, más allá de lo aceptable. Y, en realidad, mucho más lejos de lo imaginable, algo que Lelia no tenía ningún interés en comprobar. Sólo que, una tarde antes del día de la historia, le susurrara, en tono cauto, casi precautorio, profético, al mejor estilo de escritor de auto ayuda “ todo adentro o nada afuera” . La frase, feliz por lo oportuna, reveladora en tiempos de confusión, guió sus decisiones. “Bah... ella se lo imaginó así”-se dijo Marisol, le venía muy bien; era lo mejor para postergar tanta precaución.

Batallaba con un doble desencuentro de hijos adolescentes que vivían sintiéndose únicos propietarios de las urgencias; sin descuentos para nadie, sin relevos, ni espacios para la vida. Pero ese era otro día, que, muy bien no sabía por qué, iba a ser distinto. Nadie le extendió un certificado de garantías, pero ella consolidaba una seguridad propia, blindada a prueba de escepticismos. Además, tampoco tenía ganas de confrontarlas con extraños. Ella estaba segura y era suficiente.
La ducha barrió las últimas dudas que se esfumaron detrás de la diligencia con que la esponja enrojeció su cuerpo. Se sintió nueva. Pura. Virginal. No sabía por qué era necesario. Tampoco, seriamente, se puso a conjeturar sobre eso. Era simplemente algo intenso, íntimo, irracional pero que decidía por ella. Su cuerpo salió barnizado de jazmín y ron, sin sospechar que esa combinación era su favorita.

Las dos razones de su incordio se disolvieron raudamente detrás de citas fugaces, ciertas, tertulias y recitales inesperados, nacidos del imprevisto. Claro, ellos, sus hijos, no podían detectar jamás nada, que les llamara la atención porque, en realidad, nunca la escuchaban.
Tomatito desde el CD flamenqueaba, mentiras baleares, buenas para templar su piel y su ánimo.

Kart, llegó puntual y flemático, casi como siempre en que el protocolo lo tenía prisionero con permiso de salida condicional. Ella decidió que el mejor saludo era rodear su cuello con sus brazos lánguidos, delgados, pero firmes, someter con su lengua aquella que deseaba retener y dejar en claro para que estaban y por qué.

Karl, era un hijo de... las circunstancias. Recibió la gracia, el bautismo y se los guardó. Egoísta con chapa, se quedó con el vuelto y sin recato -nunca lo tuvo- todo le pareció poco. Trató que la suya visitara aquella garganta inexpugnable, para dejar la marca en los sentidos. Ninguno de los dos, pudo asegurar de donde llegaban las seguridades, para que se sintieran desatados aunque atados. Esta era otra de las prisiones imaginarias. En las propias dulces y felices, disfrutaban el olor de cada segundo y resignaban los de quienes, sin mal, viajaban de la realidad a la verdad.

La hora siempre es la de la deshora y ellos decidieron hacer morosa la consumación. Un tiempo después de que los sabores de la cena cambiaron de dueños en sus bocas, supieron que todo estaba bien, a punto y casi como el postre, llegaba en la frutilla de dos bocas hambrientas, de otros destinos.
Las sábanas rojas presagiaron que la temperatura era lógica. La fragua de las mejores figuras fueron consumadas y consumidas. Antes, un pequeño detalle sugerido por Lelia, fue fielmente cumplido por ella, por ese movimiento mecánico como el de la pleamar, juntó todas las pruebas de esa presencia deseada y necesaria.

Su portafolio trabó la puerta del dormitorio, segura que de ser necesario, preservaría esa presencia galvánica lo que fuera necesario lejos de las miradas, las recriminaciones, las cuentas pendientes, las facturas morales impagas, hasta que el campo estuviera limpio. Por eso su entrega, decenas de orgasmos después, las motorizaba el viento llegado de la nada y del siempre. Tenía un tiempo. Tenía un momento. Tenía una oportunidad. Y no perdió, no sólo el tiempo. Hasta la ultima gota. Hasta el último aliento, hasta la última humedad de cada hueco de su cuerpo, fue bebida por él, cuidadosamente, se sintió por una vez, dueña del futuro, sin saber para que le servía. Nada de seguridad. Todo de felicidad. Los sentidos estaban celebrando el carnaval del siempre.

Cuando las horas insaciables no decrecían en intensidad, se dio cuenta que había iniciado un viaje sin destino racional. Ella lo era. No se asustó, porque creyó que la vida siempre da oportunidades y se entregó, y se le entregó. Tampoco dudó cuando regresó de la ducha absoluta donde cada gota era el bautismo de otra sesión de posesión.

El piso de la habitación estaba blanco de pequeñas huellas de papeles que, reunidos, escribían una historia ¿o eso le pareció?
Barrió todo bajo la alfombra, como los políticos sus decisiones que comprometen la vida de sus semejantes y las de los niños que sólo tienen derecho al hambre. Habría un mañana para ordenar, casi una disciplina de su vida, que supo licuar con el fuego de la circunstancia única. No quiso encender la luz. Todo había sucedido en la penumbra que cuenta, más que cómplice, con la imaginación fragorosa, él no estaba. Pensó que, tal vez, andaría por la cocina, buscando en la heladera otra copa de vino, angustia oral que él confesaba. Tampoco allí la vida le dio respuesta.

En la intersección de las otras habitaciones y desnuda, como la verdad, se rascó la cabeza. Buscó sus llaves, estaban en el lugar -ella era ordenada- y ningún otro espacio estaba habilitado. Creyó en un nuevo juego que el silencio del después, se encargó de comprobar. Sólo una pista le quedaba para la desazón que marchaba a fondo desde su alma, un emblema pequeño, casi un dibujo imperceptible, le enseñó que esa lluvia nevada reunía un mensaje imprescindible. Agitó su cabeza, dubitativa y se acostó.
A la mañana siguiente, con obsesiva prolijidad ordenó la lluvia nevada, se tomó el trabajo nacido de la nada, para convenir que tan poco es tanto o al revés, según se prefiera. Acalorada y llevando su flequillo hacia atrás, enjugando el sudor, de ayer, pudo armar ese pequeño y frágil rompecabezas de quien nunca supo decir bien lo que escribía...
TE AMO...
Pensó en Lelia su amiga, pero ya era tarde para contar que el aire, suele pasar y quedarse. Las tibias cenizas de las brasas ardidas, lamían sus entrañas y no le permitían mentir.

viernes, 3 de abril de 2009

LIBRE, PLENA

Una a una
Con mano ágil
Quitó las trabas del cabello tenso
..........
Sacudió su cabeza
Flotaron libres
Inundó la estancia en agitado vuelo
Extendió perfume

Libre
Plena

Aspiró profundo
Enmarcada de cabellos negros
..................................
Retomó el rito
Alisó, tensó los cabellos
Colocó trabas y peinetas

Meditó en silencio
Y...
........................................
Una a una
Con mano ágil
Quitó las trabas del cabello tenso

Jugó con ellos
A esconder su piel
Tirarlos hacia atrás, volverlos al frente
Cubrir los senos

Enredó sus dedos
Sintió música en las palmas
Formó un velo
Negro sobre blanco

Alzó la vista
Buscó otros ojos
..................................
En el fondo del espejo
En el fondo de su alma